domingo, 27 de enero de 2008

27 de enero de 2008

En pleno delirio febril he estado viendo La Pelota Vasca (Julio Medem, 2003). En cuanto al contenido, tengo poco que decir: Muy interesante, recomendable. Quizá se encuentran a faltar algunas voces del PP, aunque tengo entendido que fueron ellos los que se negaron a participar. Pero es de la forma y no del fondo de lo que quiero destacar dos cosas.

Un par de apuntes para quien no la haya visto. La película está construida a partir de entrevistas realizadas a personas de alguna forma relacionadas con la política, la cultura, los medios de comunicación, la intelectualidad o el empresariado vasco. Así que en la mayoría de entrevista aparecen sentados, hablando, integrados en un plano estático con un fondo de paisaje natural en muchas ocasiones. Entre un fragmento y otro de entrevista, el director inserta a menudo largos planos de paisajes.

Lo primero que quería comentar es corto. ¿Alguien se ha fijado en el aura difusa que aparece alrededor de Iñaki Gabilondo, uno de los entrevistados? Es muy curioso. Es el único que se nos muestra así, como una aparición divina. Parece que emane de él una luz que difumina su propio contorno y, de tan potente, incluso en paisaje del fondo del plano (creo que en este caso la Playa de la Concha).

En segundo lugar, otro apunte, con el que no pretendo comportarme como el putillas que descubre a los demás los trucos de magia. Se trata de los cortes (de montaje) que podemos descubrir, si nos fijamos, en algunas de las entrevistas. Cuando las personas hablamos sin tener un discurso preparado, a menudo alargamos la última letra del final de alguna frase, lo que nos da tiempo para pensar qué decir o cómo decirlo. Por ejemplo: “Yo lo que creo es queeeeeeeeee”. Alargamos la “e” y mientras pensamos cómo expresar lo que creemos. Otra cosa que hacemos con el mismo objetivo es dilatar los silencios entre frase y frase. O como mínimo antes de comenzar a hablar.

Pues bien, esto ocurrió también mientras se hacían las entrevistas que aparecen en la película. No con todas las personas. Con Felipe González, por ejemplo, no ocurre. El caso es que cuando sí ocurre, el director-montador, realiza un corte que elimina el silencio creado por el entrevistado. Esto puede tener varios objetivos a la vez, pero no es lo que me interesa. Lo que quería señalar es lo extraño de algunos planos en los que vemos de fondo un paisaje natural y se realiza algún corte. Por ejemplo: Vemos a alguien hablando de cara a la cámara-espectador y de espaldas a un acantilado. En el fondo, el mar. Cada vez que se realiza algún corte, se altera visualmente el comportamiento natural del mar. La ola que antes estaba a punto de romper ya no existe. Las gaviotas siguen trayectorias erráticas, físicamente imposibles.

Recortar metraje, centrar los discursos, qué más da. La película está llena de estos “efectos especiales” que la hacen aún más agradable a quien se enfrenta a ella en estado gripal avanzado.

B.S.O: Nico “The End”

1 comentario:

perdido dijo...

Esto empieza a parecer un fanzine y todo!
Muy bien, muy bien sísifo...excelente...