otrofanzine
sábado, 13 de febrero de 2010
lunes, 17 de agosto de 2009
Safari 1.5: Hambre y Secreto
El dinero de un caso largo y complicado no me habría venido mal. De todas maneras decidí ir a ver a Katie para una despedida formal. Mi asesino me observaba y reía a veces, acariciándose el codo. Acabé el desayuno y encargué a Miasesino la limpieza del cuarto. Salí a la calle con la intención de caminar para desentumecer huesos y músculos y para diluir en tiempo el blanco, tan reciente.
Katie salió a recibirme, pero no me dejó entrar. Parecía algo confusa. Repitió el contenido de la nota casi palabra por palabra y cuando intenté preguntar algo se ofreció a aumentar la cantidad que ya debía haber ingresado en mi cuenta. Insistí y algo parecido al miedo asomó en su cara, así que acabé por despedirme. En lugar de volver a casa, estuve vigilando la puerta de su casa desde una posición que me permitía no ser visto. Rato después de haberme despedido, dos tipos vestidos de blanco llamaban a su puerta, uno de ellos con una maleta autoclavable de instrumental médico. Eran Ellos. Entraron. Salieron después de hora y media y yo dejé pasar otra hora antes de volver a mi oficina. Ya no había nada que hacer. Casi era una suerte haber perdido el caso.
Cuando llegué, estuve hojeando en informe, pero pronto me cansé. Lo metí en un cajón y me levanté a por una píldora de vitamina C. Me notaba algo débil, ya había pasado el efecto de la última dosis de V.I.D.A. Alguien llamó y salí a abrir. Una cara que me sonaba. De un hombre de unos 70 años. Que había vivido bien. Que se había cuidado. Que vestía un traje negro caro. «¿El señor Safari?», dijo esa cara. «Adelante», respondí.
Se sentó frente a mí, al otro lado de la mesa de despacho verde que tanto desconcertaba a los clientes. «Mi nombre es Charles Week. Mi hija, Natalie, ha desaparecido. ¿Podrá encontrarla?» Una mezcla de interés y asco me recorrió la espalda. Volvía a levantarme para cerrar la puerta y mientras pensaba qué decir abrí el cajón y cogí de él una píldora de V.I.D.A. que tragué inmediatamente. Volvía a tener caso.
viernes, 3 de abril de 2009
Safari 1.4: Taitea Nui
Fui hacia él y me apoyé en la barra, a su izquierda. Él señaló una mesa cercana y nos dirigimos hacia allí. Lo había conocido hace siete años, trabajando en un caso para Ellos, en el que participaba también la policía. Parecía ser el único capaz de entender algo. Era un gigante maorí, su nombre era Nop-Thik y en su cara no dejaban nunca de moverse los tatuajes inteligentes, dibujando formas concretas y abstractas continuamente. Cuando le dije lo que necesitaba, lanzó una bendición a la bebida verde que tenía entre las manos e hizo un par de llamadas. «La familia no ha denunciado ssu dessaparición… ess extraño», me dijo, «una familia assí…, y la hija dessaparecida… SSeguro que deben tener una guardia perssonal mejor preparada que la policía, inclusso puede que mejor preparada que Elloss» Me aseguró que tendría el informe de la familia Week en mi buzón cuando llegase a casa.
Y así fue. Pero no lo abrí. De vuelta a casa pasé por uno de los grandes almacenes farmacéuticos de la ciudad y me hice con un equipo completo de nutracéuticos para pasar una semana conectado a la máquina S.I.E.S.T.A. que guardaba en algún cajón. Sólo me faltaba la V.I.D.A., que compré en la tienda de comestibles de mi barrio. V.I.D.A. era una droga legal desde hacía años, y se podía comprar en cualquier parte y en cualquier presentación (píldoras, sólido en sobres para ser esnifado e incluso intravenosa), en cambio, M.U.E.R.T.E. era considerada una droga ilegal, y el tráfico, la adquisición e incluso su tenencia eran fuertemente perseguidas y castigadas por la ley.
Una vez en casa, desempolvé la máquina S.I.E.S.T.A. y dispuse todos los bolos en un brazo articulado elevado. Preparé el bolo de V.I.D.A. intravenosa y me estiré en la cama. Me tomó más tiempo del que esperaba instalarme las sondas de deshechos en el pene y en el ano. Una vez estuvo todo listo, introduje la aguja en una buena vena de mi brazo izquierdo. Cuando todo empezó me miré en el gran espejo que cubría el techo y fue extraño porque no parecía yo. Era mi imagen especular, pero aunque era idéntica a mí, tenía poco que ver conmigo.
El Gran Blanco empezó.
lunes, 12 de enero de 2009
El cuento de Norman. Parte 2A: Encuentros
Ann se dirigió al coche, un SAAB Sport Sedán del 93 de color negro, que había dejado aparcado en doble fila con las luces de emergencia. Activó el mando a distancia permitiendo que las puertas automáticas se abrieran y, depositando su chaqueta en el asiento del acompañante, se introdujo en el coche. Desactivó el "warning", pisó el embrague, giró la llave y el motor comenzó a emitir una melodía casi silenciosa; encendió la radio con su emisora favorita sintonizada, bajó el freno de mano y puso en movimiento el vehículo.
Tras veinte minutos de recorrido llegó a casa; introdujo su dedo índice en el lector de huellas digitales que se encontraba justo delante del gran portón metálico de entrada y, tras la verificación, que se producía en apenas dos breves segundos, el portón comenzó a abrirse. Una vez recorridos los cincuenta y siete metros que separaban la entrada de la casa, detuvo el vehículo y, sin dejar de sujetar el volante, se echó a llorar.
jueves, 8 de enero de 2009
Safari 1.3: Enfocando música orgánica
Jugueteé con la píldora de V.I.D.A. en la boca mientras consultaba en la base de datos aquel apellido. Tragué al comprobar que mi intuición aún funcionaba: los Week habían desarrollado S.I.E.S.T.A. en su empresa de equipamiento biomédico MedWeek. Las primitivas bombas de perfusión permitían la inyección de fármacos de forma precisa al fijar el flujo a un valor deseado. S.I.E.S.T.A. era la evolución: una sola aguja permitía la inyección de varios fármacos de forma simultánea y con flujos independientes tan sólo fijando el tiempo deseado de consumo del fármaco. Rápidamente, pasó a ser uno de los juguetes preferidos por los consumidores de M.U.E.R.T.E. con más poder adquisitivo. Vieron las ventajas de su uso: colgaban bolsas de concentrados celulares, de sueros alimenticios sintéticos y de M.U.E.R.T.E. y se despedían del mundo por semanas enteras, a menudo meses. Ahora otras empresas fabricaban modelos parecidos que vendían a precios más bajos. Pero la calidad no era la misma: muchos desgraciados morían de sobredosis o de inanición por mal funcionamiento de algunas de esas imitaciones. La competencia no parecía haber afectado a MedWeek, que ahora diversificaba sus investigaciones y prometía en los próximos años un nuevo modelo que revolucionaría el suministro de fármacos por vía intravenosa. En la calle todo el mundo entendía que “el suministro de fármacos por vía intravenosa” quería decir “el consumo de drogas”.
Natalia Week, la futura directora general de MedWeek, había desaparecido. Esta mierda de caso iba a estar hasta arriba de polis. No acepté una llamada de Miasesino. Después de meses detrás de él, ahora era yo el que rechazaba sus llamadas. Tarde o temprano me encontraría. Yo empezaba a quitarme de encima esa tristeza pegajosa. Me sentía estimulado.
Sabía que encontraría a mi contacto en la policía en un bar del centro. La noche arrancaba y tomé tres píldoras de V.I.D.A. antes de entrar. La luz azul contrastaba con las caras rojas de alcohol, V.I.D.A. y M.U.E.R.T.E. y con la calidez de la música que sonaba, basada en sonidos reales de órganos amplificados y sampleados. Sensuales y sincopados, los cuerpos se movían en la oscuridad. Localicé a mi contacto en la barra y mientras me acercaba a él nomequitabadelacabezalasiestaquemeesperabaencasa. Me vino un crótalo a la cabeza.
lunes, 5 de enero de 2009
Reyes Magos
Podía haber nacido en Colombia, Brasil, Méjico, Sierra Leona, Nigeria, Etiopía, Mozambique, el Kurdistán, Timor Oriental, Afganistán ¡en tantos otros lugares en los que mi historia podría haber sido tan diferente!
Hoy es cinco de Enero. La mayor preocupación de los niños de mi ciudad es ver que regalos de los que han pedido, les seran entregados por los Reyes Magos.; la de los adultos, aparcar por un momento la situación económica vigente y encontrar ese regalo que les falta.
La mayor preocupación de las personas de estos otros lugares es encontrar agua, comida, no ser víctima de un secuestro, de una masacre de un poblado, de un obús.
Hay medios de comunicación preocupadísimos por lo que sucede en estas regiones que no dudan en mantener durante cinco días una información masiva y exhaustiva sobre lo que ocurre en la zona. Así, hasta que otro suceso requiere las portadas para sí mismo. Gracias por vuestra preocupación basada en el intento de vender más ejemplares. Es comprensible, claro está, pero no hagáis de moralistas.
Del mismo modo, hay personas, descendientes de los humildes trabajadores de los barrios obreros que existen por estos lares, que afirman estar enojadísimos por la impasividad internacional ante estos sucesos. Una crueldad intolerable. Seres cuya máxima preocupación, estando incluso vinculados a alguna asociación de acción humanitaria, es hacer la visita de turno al local de moda donde ponen la última música de moda, con la ropa de moda, para hacer ver que ellos sí molan. Se les distingue, al margen de por los disfraces, por su capacidad de mantener conversaciones frívolas y banales con la pose de quien mira a los demás por encima del hombro. A vosotros, panda de modernetes de delirios intelectualoides, tampoco os doy crédito. Es más, me asqueáis sobremanera.
Mentiría si dijera que estoy preocupado por los focos de violencia a lo largo y ancho del planeta. Lo que me desasosiega realmente es la naturaleza humana. Simplemente estoy decepcionado, desencantado, hastiado, cansado. Son siempre las mismas historias con diferentes protagonistas y por más que lo intenten no van a conseguir hacerme responsable de las decisiones que tomaron los dirigentes europeos durante la primera o la segunda guerra mundial; ni de las decisiones que algunos de mis contemporáneos de sociedades que ni tan siquiera conozco toman a diario. Ni incluso de muchas de las de la mía propia de las que no soy consciente. Aquel que crea que puede cambiar el mundo que así lo crea.
Tuve suerte. Yo soy hijo de esa generación de trabajadores humildes que consiguieron sueldos de trescientas mil pesetas, un piso en la ciudad, una casa en el campo y una nevera siempre llena. Disfruté de eso. Como legado nos dejan salarios mileuristas, deslocalización, contratos basura, hipotecas astronómicas y alguna otra cosa que me dejo en el olvido. Como respuesta nuestra generación opta por el conformismo, el consumismo, la realidad virtual, las drogas, las relaciones fugaces y una decadencia moral y espiritual al margen de toda duda.
Hoy es cinco de Enero. La mayor preocupación de los niños de mi ciudad es ver que regalos de los que han pedido, les seran entregados por los Reyes Magos.; la de los adultos, aparcar por un momento la situación económica vigente y encontrar ese regalo que les falta.
Así que disculpen si sólo intento quedarme al margen de todo esto. Tal vez éste sea el mejor regalo de los Reyes Magos.
jueves, 1 de enero de 2009
El cuento de Norman. Parte 1: Kathy & Martin
- Claro que no, querido -respondió Kathy-
Y, realizando un ademán advirtió al mayordomo para que realizase la tarea encomendada.
Fazzi, un inmigrante hindú de tez morena, cabello corto negrísimo, nariz prominente y facciones amables se acercó desde el centro mismo de la mesa donde se encontraba, hasta el extremo en el que se hallaba su señora -recorriendo una distancia aproximada de cuatro metros- asió la vinagrera de plata Boliviana y con un andar sosegado y distante se la aproximó a su señor que aguardaba al otro extremo de la larga mesa de nogal.
- Gracias, cielo -respondió Martin-
- De nada, mi amor -respondió Kathy-
Fazzi regresó de nuevo al punto imaginario que separaba la mesa simétricamente en dos, aguardando una nueva orden.