lunes, 12 de enero de 2009

El cuento de Norman. Parte 2A: Encuentros

Ann esperó hasta el cierre de puertas; muchas madres hacían lo mismo. Les habían dicho, no obstante, que era mejor retirarse antes del cierre pues los niños manifestaban cierta inquietud durante la formación de las filas: un síntoma de la inseguridad que les suponía la separación del referente paternal. Como consecuencia, muchos infantes expresaban comportamientos distractivos, agresividad e incluso ansiedad. Miró hacia las filas en las que se encontraban sus pequeños y se despidió de ellos agitando el brazo en alto.
Ann se dirigió al coche, un SAAB Sport Sedán del 93 de color negro, que había dejado aparcado en doble fila con las luces de emergencia. Activó el mando a distancia permitiendo que las puertas automáticas se abrieran y, depositando su chaqueta en el asiento del acompañante, se introdujo en el coche. Desactivó el "warning", pisó el embrague, giró la llave y el motor comenzó a emitir una melodía casi silenciosa; encendió la radio con su emisora favorita sintonizada, bajó el freno de mano y puso en movimiento el vehículo.
Tras veinte minutos de recorrido llegó a casa; introdujo su dedo índice en el lector de huellas digitales que se encontraba justo delante del gran portón metálico de entrada y, tras la verificación, que se producía en apenas dos breves segundos, el portón comenzó a abrirse. Una vez recorridos los cincuenta y siete metros que separaban la entrada de la casa, detuvo el vehículo y, sin dejar de sujetar el volante, se echó a llorar.

jueves, 8 de enero de 2009

Safari 1.3: Enfocando música orgánica

La chica volvió al día siguiente. Buscaba a una amiga. Hacía tiempo que no se veían y había sido incapaz de retomar el contacto. Nadie parecía saber dónde estaba. El apellido de la desaparecida, Natalie Week, despertó mi curiosidad. Me sonaba de algo. Pero ahora discutíamos ya mis honorarios mientras nos desnudábamos. Entramos en una jaula y encendí el proyector. Cortes histológicos de todo tipo de tejidos orgánicos desfilaban en bucle aleatorio. La música imponía la sinestesia y perdimos el sentido un rato, abrazados.

Jugueteé con la píldora de V.I.D.A. en la boca mientras consultaba en la base de datos aquel apellido. Tragué al comprobar que mi intuición aún funcionaba: los Week habían desarrollado S.I.E.S.T.A. en su empresa de equipamiento biomédico MedWeek. Las primitivas bombas de perfusión permitían la inyección de fármacos de forma precisa al fijar el flujo a un valor deseado. S.I.E.S.T.A. era la evolución: una sola aguja permitía la inyección de varios fármacos de forma simultánea y con flujos independientes tan sólo fijando el tiempo deseado de consumo del fármaco. Rápidamente, pasó a ser uno de los juguetes preferidos por los consumidores de M.U.E.R.T.E. con más poder adquisitivo. Vieron las ventajas de su uso: colgaban bolsas de concentrados celulares, de sueros alimenticios sintéticos y de M.U.E.R.T.E. y se despedían del mundo por semanas enteras, a menudo meses. Ahora otras empresas fabricaban modelos parecidos que vendían a precios más bajos. Pero la calidad no era la misma: muchos desgraciados morían de sobredosis o de inanición por mal funcionamiento de algunas de esas imitaciones. La competencia no parecía haber afectado a MedWeek, que ahora diversificaba sus investigaciones y prometía en los próximos años un nuevo modelo que revolucionaría el suministro de fármacos por vía intravenosa. En la calle todo el mundo entendía que “el suministro de fármacos por vía intravenosa” quería decir “el consumo de drogas”.

Natalia Week, la futura directora general de MedWeek, había desaparecido. Esta mierda de caso iba a estar hasta arriba de polis. No acepté una llamada de Miasesino. Después de meses detrás de él, ahora era yo el que rechazaba sus llamadas. Tarde o temprano me encontraría. Yo empezaba a quitarme de encima esa tristeza pegajosa. Me sentía estimulado.

Sabía que encontraría a mi contacto en la policía en un bar del centro. La noche arrancaba y tomé tres píldoras de V.I.D.A. antes de entrar. La luz azul contrastaba con las caras rojas de alcohol, V.I.D.A. y M.U.E.R.T.E. y con la calidez de la música que sonaba, basada en sonidos reales de órganos amplificados y sampleados. Sensuales y sincopados, los cuerpos se movían en la oscuridad. Localicé a mi contacto en la barra y mientras me acercaba a él nomequitabadelacabezalasiestaquemeesperabaencasa. Me vino un crótalo a la cabeza.

lunes, 5 de enero de 2009

Reyes Magos

Tuve suerte. Nací en un país en un momento de auge económico y consolidación de la democracia. Un país sin enemigos bélicos naturales cercanos que pudieran desastibilizar la economía del país. Ese país se llama España y la ciudad donde resido Hospitalet de Llobregat. Una ciudad que se alimentó a base de trabajadores de humildes sueldos, inmigrantes en búsqueda de lugares donde encontrar un salario para intentar salir de la pobreza, gentes que se esforzaron porque a sus hijos no les faltara de nada.
Podía haber nacido en Colombia, Brasil, Méjico, Sierra Leona, Nigeria, Etiopía, Mozambique, el Kurdistán, Timor Oriental, Afganistán ¡en tantos otros lugares en los que mi historia podría haber sido tan diferente!
Hoy es cinco de Enero. La mayor preocupación de los niños de mi ciudad es ver que regalos de los que han pedido, les seran entregados por los Reyes Magos.; la de los adultos, aparcar por un momento la situación económica vigente y encontrar ese regalo que les falta.
La mayor preocupación de las personas de estos otros lugares es encontrar agua, comida, no ser víctima de un secuestro, de una masacre de un poblado, de un obús.
Hay medios de comunicación preocupadísimos por lo que sucede en estas regiones que no dudan en mantener durante cinco días una información masiva y exhaustiva sobre lo que ocurre en la zona. Así, hasta que otro suceso requiere las portadas para sí mismo. Gracias por vuestra preocupación basada en el intento de vender más ejemplares. Es comprensible, claro está, pero no hagáis de moralistas.
Del mismo modo, hay personas, descendientes de los humildes trabajadores de los barrios obreros que existen por estos lares, que afirman estar enojadísimos por la impasividad internacional ante estos sucesos. Una crueldad intolerable. Seres cuya máxima preocupación, estando incluso vinculados a alguna asociación de acción humanitaria, es hacer la visita de turno al local de moda donde ponen la última música de moda, con la ropa de moda, para hacer ver que ellos sí molan. Se les distingue, al margen de por los disfraces, por su capacidad de mantener conversaciones frívolas y banales con la pose de quien mira a los demás por encima del hombro. A vosotros, panda de modernetes de delirios intelectualoides, tampoco os doy crédito. Es más, me asqueáis sobremanera.
Mentiría si dijera que estoy preocupado por los focos de violencia a lo largo y ancho del planeta. Lo que me desasosiega realmente es la naturaleza humana. Simplemente estoy decepcionado, desencantado, hastiado, cansado. Son siempre las mismas historias con diferentes protagonistas y por más que lo intenten no van a conseguir hacerme responsable de las decisiones que tomaron los dirigentes europeos durante la primera o la segunda guerra mundial; ni de las decisiones que algunos de mis contemporáneos de sociedades que ni tan siquiera conozco toman a diario. Ni incluso de muchas de las de la mía propia de las que no soy consciente. Aquel que crea que puede cambiar el mundo que así lo crea.
Tuve suerte. Yo soy hijo de esa generación de trabajadores humildes que consiguieron sueldos de trescientas mil pesetas, un piso en la ciudad, una casa en el campo y una nevera siempre llena. Disfruté de eso. Como legado nos dejan salarios mileuristas, deslocalización, contratos basura, hipotecas astronómicas y alguna otra cosa que me dejo en el olvido. Como respuesta nuestra generación opta por el conformismo, el consumismo, la realidad virtual, las drogas, las relaciones fugaces y una decadencia moral y espiritual al margen de toda duda.
Hoy es cinco de Enero. La mayor preocupación de los niños de mi ciudad es ver que regalos de los que han pedido, les seran entregados por los Reyes Magos.; la de los adultos, aparcar por un momento la situación económica vigente y encontrar ese regalo que les falta.
Así que disculpen si sólo intento quedarme al margen de todo esto. Tal vez éste sea el mejor regalo de los Reyes Magos.

jueves, 1 de enero de 2009

El cuento de Norman. Parte 1: Kathy & Martin

- Kathy, querida: ¿te importaría acercarme el aceite?
- Claro que no, querido -respondió Kathy-

Y, realizando un ademán advirtió al mayordomo para que realizase la tarea encomendada.
Fazzi, un inmigrante hindú de tez morena, cabello corto negrísimo, nariz prominente y facciones amables se acercó desde el centro mismo de la mesa donde se encontraba, hasta el extremo en el que se hallaba su señora -recorriendo una distancia aproximada de cuatro metros- asió la vinagrera de plata Boliviana y con un andar sosegado y distante se la aproximó a su señor que aguardaba al otro extremo de la larga mesa de nogal.

- Gracias, cielo -respondió Martin-
- De nada, mi amor -respondió Kathy-

Fazzi regresó de nuevo al punto imaginario que separaba la mesa simétricamente en dos, aguardando una nueva orden.