¿Cuándo ha sido la última vez que se os ha pegado un chicle entre los dedos? Cansado de mascar el séptimo chicle del día, decido tirarlo a una papelera de los FF.GG, pequeña y situada entre dos asientos. Al sacármelo de la boca noto como está demasiado pegado a mis dedos, e intento despegarlo contra las paredes de la papelera. Intento bano. Se resiste. Como la gente me mira no se me ocurre otra cosa que, por vergüenza, metérmelo de nuevo en la boca. Unas décimas de segundo después, las suficientes para notar un sabor extraño, reacciona mi hipotálamo y me lo saco de la boca. Como ya no se que hacer decido dejarlo entre los dedos de mi mano izquierda todo desparramado, ocupando hasta cuatro de ellos. Disimulando paso todo el viaje de vuelta leyendo "Saber Perder" (¿que apropiado, no?) e intentando resecarlo entre mis dedos a base de sucesivas fricciones. Inútil. Cada vez más extendido e igual de pegajoso. A todo esto le acompaña un sabor extraño en mi boca que aparece a ratos, instintivamente lanzo una mirada a la papelera y veo como hay gotas de color naranja-rojizo secas pegadas a la chapa metálica. Decido no volver a mirar ninguna papelera un todo el trayecto. Cuando llego a la última parada, cojo las chaquetas intentando mancharlas lo menos posible y busco un lavabo. El primero que se me ocurre es el de la FNAC; bajo las escaleras y en la entrada me encuentro a un señor bajito al lado de un cartel que reza: " Para usar el lavabo es necesario un ticket de compra o abonar 20 céntimos de euro", me río mientras digo: anda ya !!! y me limpio lo que puedo de chicle en las paredes de las escaleras que me llevan de nuevo fuera. Al salir veo el Bar Zurich y aunque pienso que no me dejarán usarlo lo intento. Efectivamente no pude, aunque el camarero vio mis dedos pegados y llenos de chicle al levantar la mano mientras le digo: -sólo quiero lavarme las manos; a lo que responde: - son normas de la casa. ¡¡¡¡ Tu puta madre pienso!!!. Salgo del bar pensando que llegaré al Depo con el chicle en mis dedos y con un regusto extraño en la boca (¿paranoia?), pero de repente recuerdo que en la Plaza Catalunya hay fuentes; voy para allí y encuentro una al lado de unos bancos con 5 raperos negros; dejo las chaquetas y el libro en un banco adyacente y me mojo las manos frotándolas fuertemente mientras veo como los jambos echan miradas a las chaquetas; dos de ellos se levantan, pasan por delante de ellas y pasan de largo. Cansado de frotar y viendo como gran parte del chicle ha desaparecido me siento en el banco donde he dejado las chaquetas y poco a poco acabo quitándome todo el puto chicle (tarea que me ocupa bien bien diez minutos). Por fin liberado de mi pegajoso dolor de cabeza, cojo el tren en Plaza Catalunya y en el vagón me encuentro a Enrique; y os preguntareis ¿que hice?; es evidente, decírselo. Como ahora os lo explico a vosotros. UN SALUDO.
lunes, 28 de abril de 2008
Pega, es blanco y acabó en mis dedos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Muy bueno. Me ha hecho recordar algo parecido, pero sin escarnio público. Una vez, cuando curraba en la bodega, disolví unas enzimas que había que echar al mosto (pectinasas) en un cubo de agua, mientras masticaba un chicle. Al respirar el polvillo, el chicle se deshizo, se volvió líquido en mi boca en un instante. No tuve más que escupirlo y enjuagarme la boca, pero fue asqueroso notar aquella textura en la boca
Publicar un comentario