viernes, 3 de abril de 2009

Safari 1.4: Taitea Nui

Fui hacia él y me apoyé en la barra, a su izquierda. Él señaló una mesa cercana y nos dirigimos hacia allí. Lo había conocido hace siete años, trabajando en un caso para Ellos, en el que participaba también la policía. Parecía ser el único capaz de entender algo. Era un gigante maorí, su nombre era Nop-Thik y en su cara no dejaban nunca de moverse los tatuajes inteligentes, dibujando formas concretas y abstractas continuamente. Cuando le dije lo que necesitaba, lanzó una bendición a la bebida verde que tenía entre las manos e hizo un par de llamadas. «La familia no ha denunciado ssu dessaparición… ess extraño», me dijo, «una familia assí…, y la hija dessaparecida… SSeguro que deben tener una guardia perssonal mejor preparada que la policía, inclusso puede que mejor preparada que Elloss» Me aseguró que tendría el informe de la familia Week en mi buzón cuando llegase a casa.

Y así fue. Pero no lo abrí. De vuelta a casa pasé por uno de los grandes almacenes farmacéuticos de la ciudad y me hice con un equipo completo de nutracéuticos para pasar una semana conectado a la máquina S.I.E.S.T.A. que guardaba en algún cajón. Sólo me faltaba la V.I.D.A., que compré en la tienda de comestibles de mi barrio. V.I.D.A. era una droga legal desde hacía años, y se podía comprar en cualquier parte y en cualquier presentación (píldoras, sólido en sobres para ser esnifado e incluso intravenosa), en cambio, M.U.E.R.T.E. era considerada una droga ilegal, y el tráfico, la adquisición e incluso su tenencia eran fuertemente perseguidas y castigadas por la ley.

Una vez en casa, desempolvé la máquina S.I.E.S.T.A. y dispuse todos los bolos en un brazo articulado elevado. Preparé el bolo de V.I.D.A. intravenosa y me estiré en la cama. Me tomó más tiempo del que esperaba instalarme las sondas de deshechos en el pene y en el ano. Una vez estuvo todo listo, introduje la aguja en una buena vena de mi brazo izquierdo. Cuando todo empezó me miré en el gran espejo que cubría el techo y fue extraño porque no parecía yo. Era mi imagen especular, pero aunque era idéntica a mí, tenía poco que ver conmigo.

El Gran Blanco empezó.


Debí haber mirado mi buzón al llegar a casa, antes de empezar con. No sólo por recoger el informe Week. Si hubiera visto aquella nota…

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