lunes, 5 de enero de 2009

Reyes Magos

Tuve suerte. Nací en un país en un momento de auge económico y consolidación de la democracia. Un país sin enemigos bélicos naturales cercanos que pudieran desastibilizar la economía del país. Ese país se llama España y la ciudad donde resido Hospitalet de Llobregat. Una ciudad que se alimentó a base de trabajadores de humildes sueldos, inmigrantes en búsqueda de lugares donde encontrar un salario para intentar salir de la pobreza, gentes que se esforzaron porque a sus hijos no les faltara de nada.
Podía haber nacido en Colombia, Brasil, Méjico, Sierra Leona, Nigeria, Etiopía, Mozambique, el Kurdistán, Timor Oriental, Afganistán ¡en tantos otros lugares en los que mi historia podría haber sido tan diferente!
Hoy es cinco de Enero. La mayor preocupación de los niños de mi ciudad es ver que regalos de los que han pedido, les seran entregados por los Reyes Magos.; la de los adultos, aparcar por un momento la situación económica vigente y encontrar ese regalo que les falta.
La mayor preocupación de las personas de estos otros lugares es encontrar agua, comida, no ser víctima de un secuestro, de una masacre de un poblado, de un obús.
Hay medios de comunicación preocupadísimos por lo que sucede en estas regiones que no dudan en mantener durante cinco días una información masiva y exhaustiva sobre lo que ocurre en la zona. Así, hasta que otro suceso requiere las portadas para sí mismo. Gracias por vuestra preocupación basada en el intento de vender más ejemplares. Es comprensible, claro está, pero no hagáis de moralistas.
Del mismo modo, hay personas, descendientes de los humildes trabajadores de los barrios obreros que existen por estos lares, que afirman estar enojadísimos por la impasividad internacional ante estos sucesos. Una crueldad intolerable. Seres cuya máxima preocupación, estando incluso vinculados a alguna asociación de acción humanitaria, es hacer la visita de turno al local de moda donde ponen la última música de moda, con la ropa de moda, para hacer ver que ellos sí molan. Se les distingue, al margen de por los disfraces, por su capacidad de mantener conversaciones frívolas y banales con la pose de quien mira a los demás por encima del hombro. A vosotros, panda de modernetes de delirios intelectualoides, tampoco os doy crédito. Es más, me asqueáis sobremanera.
Mentiría si dijera que estoy preocupado por los focos de violencia a lo largo y ancho del planeta. Lo que me desasosiega realmente es la naturaleza humana. Simplemente estoy decepcionado, desencantado, hastiado, cansado. Son siempre las mismas historias con diferentes protagonistas y por más que lo intenten no van a conseguir hacerme responsable de las decisiones que tomaron los dirigentes europeos durante la primera o la segunda guerra mundial; ni de las decisiones que algunos de mis contemporáneos de sociedades que ni tan siquiera conozco toman a diario. Ni incluso de muchas de las de la mía propia de las que no soy consciente. Aquel que crea que puede cambiar el mundo que así lo crea.
Tuve suerte. Yo soy hijo de esa generación de trabajadores humildes que consiguieron sueldos de trescientas mil pesetas, un piso en la ciudad, una casa en el campo y una nevera siempre llena. Disfruté de eso. Como legado nos dejan salarios mileuristas, deslocalización, contratos basura, hipotecas astronómicas y alguna otra cosa que me dejo en el olvido. Como respuesta nuestra generación opta por el conformismo, el consumismo, la realidad virtual, las drogas, las relaciones fugaces y una decadencia moral y espiritual al margen de toda duda.
Hoy es cinco de Enero. La mayor preocupación de los niños de mi ciudad es ver que regalos de los que han pedido, les seran entregados por los Reyes Magos.; la de los adultos, aparcar por un momento la situación económica vigente y encontrar ese regalo que les falta.
Así que disculpen si sólo intento quedarme al margen de todo esto. Tal vez éste sea el mejor regalo de los Reyes Magos.

1 comentario:

eVa dijo...

Ay, Perdido, cuánta razón tienes. Somos afortunados por haber nacido donde hemos nacido, pero no valoramos lo que tenemos ni hacemos el mínimo esfuerzo por que otros lleguen a estar donde nosotros estamos. Y ahora con la excusa de la crisis, conciencia tranquila durante un buen tiempo, a pesar de que, a pesar de ella, seguiremos viviendo mejor que mucha otra gente.
Por cierto, comentario frívolo: ¿sabes que el 5 de enero fue mi cumple?
Saludotes.