jueves, 8 de enero de 2009

Safari 1.3: Enfocando música orgánica

La chica volvió al día siguiente. Buscaba a una amiga. Hacía tiempo que no se veían y había sido incapaz de retomar el contacto. Nadie parecía saber dónde estaba. El apellido de la desaparecida, Natalie Week, despertó mi curiosidad. Me sonaba de algo. Pero ahora discutíamos ya mis honorarios mientras nos desnudábamos. Entramos en una jaula y encendí el proyector. Cortes histológicos de todo tipo de tejidos orgánicos desfilaban en bucle aleatorio. La música imponía la sinestesia y perdimos el sentido un rato, abrazados.

Jugueteé con la píldora de V.I.D.A. en la boca mientras consultaba en la base de datos aquel apellido. Tragué al comprobar que mi intuición aún funcionaba: los Week habían desarrollado S.I.E.S.T.A. en su empresa de equipamiento biomédico MedWeek. Las primitivas bombas de perfusión permitían la inyección de fármacos de forma precisa al fijar el flujo a un valor deseado. S.I.E.S.T.A. era la evolución: una sola aguja permitía la inyección de varios fármacos de forma simultánea y con flujos independientes tan sólo fijando el tiempo deseado de consumo del fármaco. Rápidamente, pasó a ser uno de los juguetes preferidos por los consumidores de M.U.E.R.T.E. con más poder adquisitivo. Vieron las ventajas de su uso: colgaban bolsas de concentrados celulares, de sueros alimenticios sintéticos y de M.U.E.R.T.E. y se despedían del mundo por semanas enteras, a menudo meses. Ahora otras empresas fabricaban modelos parecidos que vendían a precios más bajos. Pero la calidad no era la misma: muchos desgraciados morían de sobredosis o de inanición por mal funcionamiento de algunas de esas imitaciones. La competencia no parecía haber afectado a MedWeek, que ahora diversificaba sus investigaciones y prometía en los próximos años un nuevo modelo que revolucionaría el suministro de fármacos por vía intravenosa. En la calle todo el mundo entendía que “el suministro de fármacos por vía intravenosa” quería decir “el consumo de drogas”.

Natalia Week, la futura directora general de MedWeek, había desaparecido. Esta mierda de caso iba a estar hasta arriba de polis. No acepté una llamada de Miasesino. Después de meses detrás de él, ahora era yo el que rechazaba sus llamadas. Tarde o temprano me encontraría. Yo empezaba a quitarme de encima esa tristeza pegajosa. Me sentía estimulado.

Sabía que encontraría a mi contacto en la policía en un bar del centro. La noche arrancaba y tomé tres píldoras de V.I.D.A. antes de entrar. La luz azul contrastaba con las caras rojas de alcohol, V.I.D.A. y M.U.E.R.T.E. y con la calidez de la música que sonaba, basada en sonidos reales de órganos amplificados y sampleados. Sensuales y sincopados, los cuerpos se movían en la oscuridad. Localicé a mi contacto en la barra y mientras me acercaba a él nomequitabadelacabezalasiestaquemeesperabaencasa. Me vino un crótalo a la cabeza.

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